6/8/12

Okupa en ciudad de piedra

(RELATO)

El okupa argentino llegó a la ciudad de piedra al amanecer. Tomó el primer tren desde Cantamorts, el de las 7 de la mañana. Recaló en el barrio de mármol a las 9. Buscaba a Lepret. Su sombra se proyectaba en las piedras y su corazón latía con fuerza a medida que se sumergía en las callejuelas angostas, bordeando los muros con el tiempo tallado de huellas milenarias. “Es una leyenda” se dijo mientras empacaba sus cosas frente al policía con casco. El palo que blandía destrozó unos segundos más tarde su última morada en Cantamorts. Le había escupido en la cara al policía. La destrucción de su vivienda compartida había sido total. No terminó preso, pero el cuello inflamado y el ojo sangrante eran testimonios de bastonazos recibidos. 
El muro verde resguarda una vivienda con un portón metálico. Atraviesa sin dificultad la barrera y se encuentra en el patio fresco, arbolado, protegido por piedras y con amplias galerías que lo unen a una casa integrada y a la vez disimulada en el interior de la ciudad de piedra. “ Aquí está Lepret, lo intuyo,  en este jardín sepultado de plantas, en esta oscuridad fresca. En este patio judío usurpado por algún burgués que se cree dueño de estas piedras” piensa el okupa. No termina de sonar la alarma cuando aparece en la fachada el mismo camión que ayer lo desalojó en Cantamorts. Son los mismos uniformados con casco los que lo agarran por los pies. Los mismos bastones se descargan sobre su cabeza esta vez sin detenerse. Sus  manos inútilmente se elevan al cielo suplicando protección. Sus pies se hunden en el suelo paralizados de dolor y su cara desfigurada de golpes, llanto y rabia desaparece. La propiedad de piedra ha sido recuperada de su presencia no deseada por los que cuidan el orden. 
Lo meten en el camión, lo llevan a la comisaría, luego al hospital de la ciudad de piedra. Allí termina de morir. Sin decir ni una palabra. Sin protestar. Sin excusas. Su último pensamiento es difuso. Tiene que ver con Lepret. 
Lepret pregunta por él en el consulado argentino. Su padre ha llamado para ofrecerle una morada junto a su casa en Villa La Matanza. Y ahora, acompañado por Lepret, se dirige a Cantamorts en el tren de las 12. Quiere hablar con el alcalde del pueblo, con las autoridades de la ciudad de piedra. Quiere saber qué ha pasado con su hijo desaparecido en las calles de piedra sin dejar rastro. 


El Extranjero - 5 de julio 2012  
   

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